Instalaciones de gas
Instalaciones de gas en Elche
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*Esta información no constituye asesoramiento legal, se muestra a título informativo y genérico, y podría cometer errores.
Quién puede trabajar en una instalación de gas
En España, la ejecución, la modificación y el mantenimiento de las instalaciones receptoras de gas están regulados por el Reglamento técnico de distribución y utilización de combustibles gaseosos y sus instrucciones técnicas complementarias. Uno de sus principios es que solo una empresa instaladora de gas habilitada puede intervenir en ellas. Esto incluye hacer una instalación nueva, pero también cambiar de sitio una cocina, alargar una tubería, conectar una caldera o anular un punto de consumo.
Al terminar, la empresa instaladora emite un certificado de instalación, imprescindible para dar de alta el suministro y que hay que conservar. El usuario puede manejar las llaves y los mandos de sus aparatos, pero no debe manipular tuberías, reguladores ni conexiones.
Las partes de una instalación receptora
Con gas natural, el gas llega por la red de la calle hasta la acometida del edificio, que pertenece a la distribuidora. A partir de la llave de acometida empieza la instalación receptora: en un bloque, una parte común con montantes y contadores, y después la instalación individual de cada vivienda, desde la llave de usuario hasta la llave de cada aparato.
Con gases licuados del petróleo el esquema cambia. El butano se usa casi siempre en botellas de 12,5 kg conectadas a la cocina o al calentador mediante un regulador y un tubo flexible. El propano se suministra en botellas, a menudo agrupadas en una batería situada en el exterior, o en un depósito fijo, enterrado o en superficie, muy habitual en urbanizaciones sin red de gas natural.
Gas natural, butano y propano no se comportan igual
La diferencia más importante para la seguridad es la densidad. El gas natural es más ligero que el aire y, si hay una fuga, tiende a subir y dispersarse. El butano y el propano son más pesados que el aire y se acumulan en las zonas bajas: junto al suelo, en sótanos, en arquetas o bajo los muebles. Por eso la normativa no permite colocar botellas de gases licuados en sótanos ni en locales por debajo del nivel del terreno, y las ventilaciones se diseñan según el gas que se utiliza.
Los aparatos también son específicos: una cocina o una caldera preparada para gas natural no funciona correctamente con butano o propano, ni al revés, sin cambiar los inyectores o reajustar el aparato. Esa transformación debe hacerla un técnico, nunca el usuario.
Ventilación y evacuación de humos
Todo aparato de gas necesita aire para la combustión y una forma segura de expulsar los gases que produce. Según cómo lo hacen, se distinguen tres grandes grupos. Las cocinas toman el aire del local y dejan los gases en él, por lo que la cocina necesita ventilación directa. Los calentadores y calderas atmosféricos, más antiguos, toman el aire de la habitación y expulsan los humos por un conducto de tiro natural. Los aparatos estancos, como las calderas modernas, toman el aire del exterior y expulsan los humos fuera por un conducto cerrado, sin relación con el aire de la vivienda.
De ahí vienen algunos problemas habituales. Cerrar con aluminio una galería o una terraza donde había un calentador atmosférico convierte un espacio exterior en un local cerrado, sin el aire que el aparato necesita. Tapar las rejillas de ventilación para que no entre frío tiene el mismo efecto. Y una campana extractora potente en una cocina con calentador atmosférico puede invertir el tiro y devolver los humos a la estancia. En todos estos casos el riesgo es el monóxido de carbono, un gas que no se ve ni se huele.
Señales de alerta
- La llama de la cocina o del calentador es amarilla o anaranjada en lugar de azul, o es inestable.
- Aparecen manchas de hollín alrededor del aparato o en la pared de encima.
- Quienes están en la estancia sienten dolor de cabeza, mareo o somnolencia que mejoran al salir al aire libre.
- Huele a gas. El gas natural y los gases licuados no tienen olor propio, pero se les añade un odorizante precisamente para poder detectar las fugas.
Un detector de monóxido de carbono cerca de los aparatos de combustión y un detector de gas adecuado al tipo de gas que se usa son una protección añadida, aunque no sustituyen al mantenimiento.
Si huele a gas
- No accionar interruptores, timbres ni aparatos eléctricos, ni encender llamas o cigarrillos.
- Abrir puertas y ventanas para ventilar.
- Cerrar la llave general del gas o la de la botella, si puede hacerse sin riesgo.
- Salir de la vivienda y, desde fuera, llamar al teléfono de urgencias de la distribuidora o al 112.
Inspecciones y revisiones periódicas
Las instalaciones receptoras de gas deben pasar inspecciones o revisiones periódicas con la frecuencia que fija la normativa. En las conectadas a la red de gas natural, es la distribuidora quien organiza la inspección y avisa con antelación; en las de butano o propano, el titular debe encargar la revisión a una empresa instaladora habilitada. En ambos casos se comprueba la estanqueidad de la instalación, el estado de los tubos flexibles, la ventilación de los locales y la correcta evacuación de los humos.
Conviene desconfiar de las visitas no anunciadas que se presentan como «revisión obligatoria del gas». Una inspección legítima se notifica, el técnico se identifica y nadie puede obligar a comprar en el momento piezas, detectores ni contratos de mantenimiento.
Gas y reformas de cocina
Una reforma de cocina es el momento en que más se toca la instalación de gas. Mover la encimera de sitio exige prolongar la tubería con los materiales y los recorridos que permite la norma, que restringe bastante cómo pueden ir empotradas las tuberías de gas: muchas veces deben quedar vistas o protegidas dentro de una vaina. Pasar de una placa de gas a una de inducción también requiere intervenir, porque la toma que deja de usarse no puede quedar con un simple tapón casero, sino anulada correctamente y con la modificación documentada. Y si se instala o se cambia de sitio un calentador o una caldera, la salida de humos y la ventilación tienen que encajar con la nueva distribución antes de cerrar el diseño de la cocina.
Preguntas frecuentes
Dudas frecuentes sobre el gas en casa
¿Se puede pasar de butano a gas natural?
Sí, si hay red de gas natural en la calle. El primer paso es consultar a la distribuidora si llega hasta el edificio y en qué condiciones. En un bloque, puede que ya exista instalación común o que haya que hacerla de acuerdo con la comunidad.
Dentro de la vivienda hace falta una instalación individual nueva hasta los aparatos, ejecutada por una empresa habilitada, y adaptar o cambiar la cocina y el calentador, porque los aparatos de butano no sirven tal cual para gas natural. A cambio, se acaba con el cambio de botellas.
¿Qué documentación debe darme el instalador de gas?
Tras una instalación nueva o una modificación, la empresa instaladora debe entregar el certificado de instalación correspondiente, firmado y con sus datos de habilitación. Ese documento es necesario para dar de alta el suministro o para justificar la modificación ante la distribuidora.
Es buena idea guardarlo junto con los manuales de los aparatos y los informes de las inspecciones o revisiones. Si en una inspección aparece un defecto, el certificado ayuda a saber quién hizo cada parte de la instalación y cuándo.
¿Cada cuánto hay que cambiar el tubo de la bombona de butano?
El tubo flexible que une la botella con la cocina o el calentador lleva impresa su fecha de caducidad, y debe sustituirse antes de esa fecha aunque parezca en buen estado, porque la goma se reseca y se agrieta por dentro. También hay que cambiarlo si está cuarteado, aplastado o ha estado cerca de una fuente de calor.
Debe ser un tubo homologado para gases licuados, de la longitud justa, que no pase por detrás del horno ni por zonas donde se pueda pisar o pellizcar. El regulador de la botella también conviene revisarlo de vez en cuando.
¿Puedo tener una cocina de gas si abro la cocina al salón?
Es posible en muchos casos, pero no basta con quitar el tabique. La normativa exige unas condiciones de volumen y de ventilación al local donde están los aparatos de gas, y al unir cocina y salón esas condiciones cambian: hay que comprobar que se siguen cumpliendo con la nueva distribución.
Si en la cocina hay además un calentador o una caldera que no es estanca, la apertura al salón puede complicar las cosas. Lo prudente es que una empresa habilitada valore la instalación antes de empezar la obra, no después.
¿Qué pasa si la inspección encuentra un defecto?
Depende de su gravedad. Si el defecto supone un riesgo inmediato, como una fuga, la instalación o el aparato afectado se deja fuera de servicio hasta que se corrija. Si es menos grave, se concede un plazo para subsanarlo y hay que acreditar la corrección dentro de ese plazo.
La reparación debe hacerla una empresa instaladora habilitada, que emite el justificante correspondiente. No es obligatorio encargarla a la distribuidora ni a la empresa que hizo la inspección: se puede elegir libremente cualquier empresa habilitada.
¿Se puede instalar un calentador o una caldera de gas en el baño?
La normativa de gas no permite colocar en baños, aseos ni dormitorios los aparatos que toman el aire de combustión del propio local, como los calentadores atmosféricos. Durante años fue habitual ver calentadores dentro de baños de viviendas antiguas, y hoy se considera una situación de riesgo que hay que corregir.
Los aparatos estancos tienen menos limitaciones porque no usan el aire de la estancia, pero aun así deben cumplir condiciones de ubicación y de salida de humos. Si en un baño queda un calentador antiguo, conviene revisarlo cuanto antes.
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