Cocinas en Alicante
Reformas de cocinas en Alicante
Hacemos reformas de cocinas en Alicante y alrededores, desde una renovación completa hasta cambios concretos. Nuestros profesionales, con más de 20 años de experiencia, se ocupan de los distintos oficios que necesita la obra.
- Reformas completas o parciales
- Todos los oficios en un mismo equipo
- En Alicante y alrededores
Sobre nosotros
Profesionales de todos los oficios
En Reformas Beltra contamos con profesionales de distintos oficios con más de veinte años de experiencia en el sector, de modo que podemos encargarnos tanto de un trabajo concreto como de una obra completa.
Trabajamos en Alicante y en los municipios de alrededor. Puedes contarnos lo que necesitas por teléfono o por WhatsApp.
Por qué elegirnos
Una buena obra empieza por saber con quién la haces
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Años de experiencia
Nuestros profesionales llevan más de veinte años trabajando en el sector de la construcción y la reforma.
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Todos los oficios
Reformas, pladur, albañilería, pintura, fontanería, electricidad, piscinas y fachadas.
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Alicante y alrededores
Trabajamos en Alicante y en los municipios de su entorno.
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Trabajos realizados
Galería profesional
Fotos y vídeos de algunas de las obras que hemos hecho.
Antes y después
Ejemplos del antes y el después
Arrastra la línea central para comparar cómo estaba cada sitio y cómo quedó.
Cómo trabajamos
Así trabajamos, paso a paso
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Valoramos el trabajo
Vemos contigo qué hay que hacer y resolvemos tus dudas.
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Manos a la obra
Una vez aceptado el presupuesto, organizamos el trabajo y nos ponemos con él.
*Esta información no constituye asesoramiento legal, se muestra a título informativo y genérico, y podría cometer errores.
Primero la distribución, después los acabados
Una cocina bonita que obliga a dar vueltas para preparar la comida acaba cansando. Antes de pensar en colores o tiradores conviene definir cómo se va a trabajar en ella. La referencia clásica es el llamado triángulo de trabajo: fregadero, zona de cocción y frigorífico deberían quedar a una distancia razonable entre sí y sin obstáculos en medio.
La forma de la estancia suele marcar el tipo de distribución:
- Lineal, con todo en una misma pared. Es la solución de las cocinas estrechas y de muchas cocinas integradas en el salón.
- En paralelo, con dos frentes enfrentados. Muy eficiente si el pasillo central permite abrir cajones a ambos lados a la vez.
- En L, que aprovecha una esquina y deja libre el resto para una mesa.
- En U, la que más encimera y almacenaje ofrece en cocinas de tamaño medio o grande.
- Con isla o península, que suma superficie de trabajo y una barra para comer, pero necesita espacio de paso alrededor.
Más allá del esquema, hay un detalle que se suele subestimar: el tramo de encimera libre entre el fregadero y la placa. Es donde se corta, se prepara y se deja todo, y una cocina con poca encimera continua resulta incómoda por muchos armarios que tenga.
Cocina abierta o independiente
Unir la cocina con el salón da sensación de amplitud, reparte mejor la luz y permite cocinar sin aislarse del resto de la casa. A cambio, los olores y el ruido de los electrodomésticos llegan a la zona de estar, y la cocina queda siempre a la vista, lo que obliga a tenerla más recogida. Para quien cocina a diario frituras o guisos largos, este punto pesa.
Entre ambos extremos hay soluciones intermedias que funcionan muy bien: un cerramiento acristalado, fijo o con puertas correderas, que deja pasar la luz pero contiene humos y ruido, o una península que separa visualmente sin cerrar.
Muebles: lo que hay detrás de la puerta
Dos cocinas con frentes idénticos pueden tener una vida útil muy distinta. La diferencia está, sobre todo, en lo que no se ve a primera vista.
El casco
Los armarios se fabrican normalmente con tablero aglomerado recubierto de melamina. Para el módulo del fregadero, donde una pequeña fuga o el vapor del lavavajillas pueden hinchar el tablero, es recomendable que sea hidrófugo. Las patas regulables y un zócalo bien sellado protegen además la base del agua que se derrama al fregar el suelo.
Herrajes y cajones
Bisagras y guías son las piezas que más trabajan. Los sistemas con cierre amortiguado y extracción total permiten ver y alcanzar el fondo del cajón. En los módulos bajos, los cajones grandes suelen ser más cómodos que las puertas con baldas, porque evitan agacharse a rebuscar.
Los frentes
Los laminados resisten bien el uso diario y ofrecen muchísimos acabados. Los lacados dan un aspecto muy cuidado, aunque son más delicados ante los golpes, y los de madera natural aportan calidez a cambio de algo más de mantenimiento. En una vivienda cerca del mar, con mucha humedad ambiental, conviene que los cantos estén bien sellados para que no se despeguen con el tiempo.
Cómo elegir la encimera
Es la superficie que más sufre: calor, cortes, manchas, golpes y agua. No hay un material perfecto, pero sí uno adecuado para cada forma de cocinar.
- Laminado. El más asequible y con gran variedad de diseños. No tolera bien el calor directo y, si el agua entra por juntas o cortes, el tablero interior se hincha.
- Compacto. Placas finas de alta densidad, muy resistentes a la humedad y al uso intensivo, que permiten encimeras muy esbeltas.
- Cuarzo. Muy resistente a manchas y rayadas. Aun así, no conviene apoyar directamente ollas o sartenes muy calientes.
- Porcelánico. Aguanta muy bien el calor, las manchas y los arañazos. Su punto débil son los golpes fuertes en los cantos.
- Granito y otras piedras naturales. Duraderos y resistentes al calor. Algunas piedras son porosas y necesitan un tratamiento para no mancharse.
- Madera maciza. Cálida y reparable con un lijado, pero pide aceitados periódicos y mucho cuidado junto al fregadero.
El grosor, el tipo de canto y la forma de integrar el fregadero también influyen. Un fregadero bajo encimera, por ejemplo, queda muy limpio y facilita pasar la bayeta, pero solo es posible con materiales que admitan ese tipo de corte y un buen acabado del borde.
Instalaciones que conviene dejar resueltas
Una reforma de cocina es la mejor ocasión para poner al día lo que va por dentro de las paredes, porque después, con los muebles montados, cualquier cambio obliga a desmontar. Lo que más se echa de menos cuando no se ha previsto:
- Tomas de agua y desagüe para el lavavajillas y, si va en la cocina, para la lavadora.
- Enchufes suficientes sobre la encimera, a una altura cómoda y alejados del fregadero, para no depender de regletas.
- Circuitos independientes para los aparatos de más potencia, como la placa y el horno, tal como exige el reglamento electrotécnico en las viviendas.
- Una buena luz de trabajo bajo los muebles altos. Una lámpara en el centro del techo deja la encimera en sombra justo cuando alguien se pone delante a cortar, y las tiras LED bajo los armarios lo resuelven.
El frente entre la encimera y los muebles altos
La pared que queda entre la encimera y los armarios altos recibe salpicaduras de grasa y agua, y necesita un acabado que se limpie sin esfuerzo. Las opciones más habituales son prolongar el material de la encimera, colocar un revestimiento cerámico o instalar un panel de vidrio templado. Prolongar la encimera da un aspecto continuo y sin juntas, muy fácil de mantener. La cerámica permite jugar con formatos y colores, aunque conviene que las juntas sean pocas y resistentes a la grasa. El vidrio es muy práctico detrás de la placa, siempre que se respeten las distancias que indique el fabricante.
En qué orden se hace una reforma de cocina
- Desmontaje de muebles y electrodomésticos, y demolición de los revestimientos que se cambian.
- Nuevas instalaciones de agua, desagüe y electricidad, siguiendo el plano de la nueva distribución.
- Suelo, paredes y techo.
- Toma de medidas definitivas de los muebles, ya sobre las paredes terminadas.
- Montaje de muebles bajos y altos.
- Medición de la encimera sobre los muebles ya montados y fabricación en taller cuando es de piedra, cuarzo o porcelánico.
- Colocación de la encimera, el fregadero, la grifería y los electrodomésticos, y conexiones finales.
Este orden explica por qué muchas cocinas pasan unos días con los muebles montados pero sin poder usarse: las encimeras de materiales pétreos se fabrican a partir de una plantilla tomada en la propia obra, y no se pueden medir hasta que los muebles están en su sitio y nivelados.
Preguntas frecuentes
Lo que más se pregunta al cambiar la cocina
¿Se pueden cambiar los muebles sin quitar los azulejos?
Sí, y es una forma habitual de reducir obra. El inconveniente es que el alicatado antiguo suele estar cortado a la medida de los muebles viejos, y si la nueva distribución no coincide pueden quedar a la vista zonas sin azulejo o con marcas. Hay varias salidas: cubrir las paredes con un porcelánico de poco espesor, revestir solo las zonas que quedan a la vista o pintar los azulejos con una pintura específica. Antes de decidirlo hay que comprobar que el alicatado existente está bien adherido y no suena hueco al golpearlo.
¿Merece la pena pasar del gas a la inducción?
La inducción calienta muy rápido, es fácil de limpiar y elimina la combustión dentro de la cocina, lo que mejora la calidad del aire. A cambio, necesita recipientes con base ferromagnética y una potencia eléctrica suficiente, por lo que puede ser necesario revisar la potencia contratada y la instalación. Si se deja de usar el gas en la vivienda, la instalación debe anularse correctamente por un instalador habilitado, y si el gas solo alimentaba la cocina, se puede dar de baja el suministro.
¿Campana de extracción o de recirculación?
La campana de extracción expulsa el aire al exterior a través de un conducto, y es la que mejor elimina humos, grasa y olores. Su limitación es que necesita una salida al exterior a una distancia razonable y sin demasiados codos, que reducen el caudal. La de recirculación filtra el aire con filtros de carbón activo y lo devuelve a la cocina: no necesita conducto, pero retiene peor la humedad y los olores fuertes, y sus filtros deben cambiarse periódicamente. En cocinas abiertas al salón, la potencia y el nivel de ruido de la campana importan todavía más.
¿A qué altura van la encimera y los muebles altos?
La altura más habitual de la encimera ronda los 90 cm, aunque puede ajustarse a la estatura de quien más cocina subiendo o bajando el zócalo. Entre la encimera y los muebles altos se suelen dejar unos 60 cm, suficientes para trabajar con comodidad y colocar pequeños electrodomésticos. Encima de la placa, la distancia mínima hasta la campana la marca el fabricante según el tipo de cocción. Si en casa conviven personas de estaturas muy distintas, una zona de encimera a otra altura, como una isla, puede resultar muy práctica.
¿Puedo aprovechar los electrodomésticos que ya tengo?
Normalmente sí, siempre que se tengan en cuenta al diseñar los muebles. Los electrodomésticos de libre instalación, como muchos frigoríficos, necesitan su hueco con la holgura y la ventilación que indica el fabricante. Los integrables tienen medidas de encastre bastante estándar, pero no idénticas entre marcas, así que conviene medirlos antes. Si alguno está cerca del final de su vida útil, puede ser más práctico sustituirlo durante la reforma: cambiar más adelante un aparato integrable por otro de distinta medida puede obligar a modificar el mueble.
¿Hay que cambiar también el suelo de la cocina?
No siempre. Si el suelo está en buen estado y la nueva distribución coincide con la antigua, puede mantenerse. El problema aparece cuando los muebles cambian de sitio: debajo de los antiguos a menudo no hay pavimento o hay restos de otro material, y al moverlos quedan zonas a la vista. Si se cambia, el orden depende del material: la cerámica suele colocarse antes de montar los muebles, mientras que sobre un suelo flotante no deben apoyarse muebles fijos, porque impedirían su movimiento natural.
¿Cómo se gana almacenaje en una cocina pequeña?
Lo primero es aprovechar la altura: muebles altos hasta el techo, con los estantes superiores reservados para lo que se usa poco. Las columnas que integran horno y microondas liberan encimera, y los cajones interiores dentro de un cajón mayor ordenan mucho mejor los módulos bajos. Las esquinas, que suelen ser el rincón olvidado, se aprovechan con herrajes extraíbles o giratorios. Incluso el zócalo admite un cajón bajo para bandejas o productos de limpieza, y una pared libre puede alojar una alacena poco profunda que guarda mucho sin quitar paso.
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