Grifería de baño y cocina
Instalación y cambio de grifos en Alicante
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Medidas que deciden si un grifo encaja
Muchos problemas con un grifo nuevo no tienen que ver con su calidad, sino con que el modelo no encaja con el lavabo o el fregadero donde se monta. Antes de elegir por diseño hay que comprobar unas cuantas medidas.
- Altura del caño. Un lavabo sobre encimera, de los que quedan apoyados encima del mueble, necesita un grifo alto o uno de pared. Con un grifo estándar el agua apenas llega a la pila y hay que lavarse las manos casi pegadas a la porcelana.
- Alcance del caño. El chorro debe caer hacia el centro del desagüe. Si cae demasiado cerca del borde trasero, salpica; si cae muy adelante, moja la encimera.
- Agujeros disponibles. Hay lavabos y fregaderos con un solo taladro y otros con tres, pensados para grifería con caño y manetas separados. Tapar un agujero sobrante no siempre queda bien.
- Grosor de la encimera. Las varillas de fijación tienen una longitud limitada, algo que hay que comprobar en encimeras de piedra gruesas o con refuerzo.
- Tomas en la pared. Los grifos vistos de ducha y bañera se conectan con unas piezas llamadas excéntricas, que permiten corregir algo la distancia entre la toma de fría y la de caliente, pero no hacen milagros. Si las tomas están torcidas o a distinta altura, el grifo quedará inclinado.
Monomando, bimando o termostático
El monomando es el más extendido: una sola maneta regula caudal y temperatura gracias a un cartucho de discos cerámicos. Muchos modelos actuales tienen apertura en frío, es decir, con la maneta en el centro sale agua fría y no templada; así la caldera o el calentador no se encienden cada vez que alguien abre el grifo para llenar un vaso.
El bimando, con una llave para la fría y otra para la caliente, se sigue eligiendo por estética en baños de estilo clásico. Ajustar la temperatura cuesta algo más y se gasta agua mientras se busca el punto.
El termostático lleva un elemento que mezcla el agua para mantener la temperatura elegida aunque cambie la presión, por ejemplo cuando alguien tira de la cadena en otro baño. Suele tener un tope de seguridad en torno a 38 °C que hay que pulsar para pasar de ahí, lo que lo hace muy recomendable en duchas que usan niños o personas mayores. Para funcionar bien necesita una presión razonable y parecida en la fría y en la caliente.
Grifos de cocina
En la cocina el caño debe girar sin chocar con nada y dejar espacio para meter ollas grandes. Las versiones con ducha extraíble facilitan aclarar y llenar recipientes fuera de la pila. Si el fregadero está bajo una ventana que abre hacia dentro, existen grifos abatibles que se pueden tumbar para no tropezar con la hoja. Otra opción son los grifos de tres vías, con una salida independiente para agua filtrada de un equipo de ósmosis, que evitan tener un segundo grifo en la encimera. Y si el lavavajillas toma agua de debajo del fregadero, la llave de escuadra debe tener salida para él.
Grifería empotrada
En los grifos empotrados solo se ven la maneta y el caño; el cuerpo que mezcla el agua queda dentro de la pared. Es una solución muy limpia en duchas y lavabos, pero hay que decidirla durante la obra, antes de alicatar, y colocar el cuerpo a la profundidad que indica el fabricante. Más adelante, el acabado visible solo se puede cambiar por otro compatible con ese mismo cuerpo, así que conviene elegir un fabricante que mantenga sus sistemas en el mercado durante años.
Lo que hay detrás del grifo
Bajo el lavabo y el fregadero hay dos piezas que se olvidan hasta que fallan. Las llaves de escuadra cortan el agua de ese punto concreto; con los años la cal las agarrota y, cuando por fin hace falta usarlas, no cierran o empiezan a gotear por el eje. Los latiguillos, los tubos flexibles que unen la llave con el grifo, tienen una malla exterior que se oxida con la humedad del mueble y una goma interior que pierde elasticidad. Un latiguillo que revienta inunda una cocina en muy poco tiempo. Por eso, al cambiar un grifo, lo razonable es poner latiguillos nuevos y, si las llaves están en mal estado, sustituirlas en ese mismo momento.
La cal y los acabados
El agua en la provincia de Alicante lleva mucha cal, y se nota en la grifería antes que en ningún otro sitio. El primer síntoma aparece en el aireador de la boca del caño: se obstruye, el chorro sale torcido o con menos fuerza y salpica. Desenroscarlo y dejarlo un rato en vinagre suele bastar. Con el tiempo la cal llega también al cartucho, que se endurece y empieza a gotear.
Los acabados también lo acusan. El cromo pulido es el más agradecido. El negro mate, el oro cepillado o el acero cepillado son resistentes, pero en ellos las marcas de cal se ven más y no admiten estropajos ni productos abrasivos o muy ácidos: lo adecuado es un paño suave con agua y jabón neutro, y secarlos después de usarlos cuando se pueda.
Reparar o cambiar: cómo decidir
Un monomando que gotea por el caño casi siempre tiene el cartucho gastado. Si se encuentra el cartucho adecuado (los tamaños más habituales son de 35 y 40 mm de diámetro), cambiarlo deja el grifo como nuevo. En los bimando, el goteo suele venir de la montura o de la zapata de cierre, piezas sencillas de sustituir.
Compensa más cambiar el grifo completo cuando el cuerpo está picado o pierde por la base, cuando el cromado se ha levantado o, simplemente, cuando ya no encaja con el uso: un caño demasiado bajo para la cocina, un bimando difícil de regular para una persona mayor o la necesidad de pasar a un termostático en la ducha.
Cómo se hace un cambio de grifo bien hecho
- Cerrar las llaves de escuadra o, si no cierran, la llave general, y abrir el grifo para descargar la presión.
- Desmontar el grifo viejo y limpiar bien el asiento, eliminando restos de cal y de silicona.
- Montar el nuevo con sus juntas y apretar las fijaciones sin pasarse, para no deformarlas.
- Conectar los latiguillos respetando el lado de la fría y el de la caliente.
- Abrir poco a poco, revisar que no haya fugas en ninguna conexión y dejar correr el agua un rato sin el aireador para expulsar la suciedad que se desprende de la instalación.
Preguntas frecuentes
Preguntas frecuentes sobre grifería de baño y cocina
¿Puedo poner un grifo termostático si tengo un calentador de gas?
En la mayoría de los casos sí, pero depende del calentador. Los modelos actuales, que ajustan la llama según el caudal, funcionan bien con termostáticos. Algunos calentadores antiguos necesitan un caudal mínimo de agua caliente para mantenerse encendidos y, como el termostático mezcla y reduce la caliente que pide, pueden apagarse a mitad de ducha o dar cambios bruscos de temperatura.
Antes de cambiar conviene mirar el modelo del calentador y su caudal mínimo de encendido. Si es muy antiguo, a veces lo sensato es plantear su sustitución a la vez.
¿Por qué sale poca agua por el grifo recién instalado?
Lo más habitual es que el aireador haya atrapado restos de cal o arenilla que se desprenden de la tubería al cortar y volver a abrir el agua. Se desenrosca, se limpia y suele resolverse. Otra causa frecuente es una llave de escuadra que no se ha abierto del todo.
Si nada de eso cambia el caudal, puede que el grifo lleve un limitador de fábrica, algo cada vez más común para reducir el consumo, o que la instalación de la vivienda ya tuviera poca presión y el grifo antiguo lo disimulara.
¿Se puede cambiar el grifo de la bañera por una columna de ducha?
Sí, y es una mejora muy habitual. Si se aprovechan las mismas tomas de la pared, basta con elegir un grifo, normalmente termostático, con salida para una columna o para una barra con teleducha. Las columnas con rociador fijo necesitan un anclaje firme en la parte alta, y hay que comprobar que la pared lo aguanta, sobre todo si es de ladrillo hueco o de placa de yeso.
Si además se quiere sustituir la bañera por un plato de ducha, lo normal es replantear en la misma obra la posición de las tomas de agua y el desagüe.
¿Los grifos de cocina con ducha extraíble dan más problemas?
No especialmente, aunque tienen piezas que un grifo fijo no lleva: una manguera flexible que sale y entra del caño y un contrapeso que la recoge. Los fallos típicos son que la manguera roce con lo que hay dentro del mueble y no vuelva a su sitio, o que la junta del cabezal acabe perdiendo con el uso.
Al montarlo hay que dejar libre el recorrido de la manguera bajo el fregadero, colocar bien el contrapeso y evitar que cubos o botellas la enganchen. Con eso, su vida útil es parecida a la de un monomando normal.
¿Hay grifos que ahorren agua de verdad?
Sí. Un grifo de lavabo convencional puede dar bastante más caudal del que hace falta para lavarse las manos. Los modelos eficientes llevan aireadores que mezclan aire con el agua o limitadores que fijan un caudal máximo, sin que se note una pérdida de comodidad.
También ayudan los monomandos con freno de apertura, que ofrecen una pequeña resistencia a mitad de recorrido para que no se abran al máximo sin querer, y en la ducha los termostáticos, porque se tarda menos en encontrar la temperatura. Los aireadores ahorradores se pueden colocar además en muchos grifos que ya están instalados.
¿Qué hago si el grifo pierde agua por debajo del lavabo?
Primero hay que localizar de dónde sale exactamente. Si gotea por la tuerca de un latiguillo, puede ser una junta mal asentada o una conexión poco apretada. Si el agua aparece en la base del grifo, sobre la encimera, suele ser la junta tórica del caño o el propio cuerpo. Y si solo hay agua cuando el lavabo se vacía, el problema no es el grifo, sino la válvula de desagüe o el sifón.
Mientras tanto, cerrar las llaves de escuadra evita que siga saliendo agua dentro del mueble, que es donde más daño hace al aglomerado.
¿En qué se nota la calidad de un grifo?
Sobre todo en lo que no se ve. Un buen grifo tiene el cuerpo de latón, no de aleaciones ligeras que se pican antes, y un cartucho de un fabricante reconocido. El peso ya da una pista. También cuenta que la marca mantenga repuestos de cartuchos, aireadores y juntas durante años.
Los grifos muy baratos suelen fallar por el cartucho o por el cromado, que se levanta con la cal y la limpieza. En un grifo que se usa muchas veces al día, como el de la cocina, la diferencia de durabilidad compensa con creces la diferencia de precio.
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